Desde una
perspectiva ética, la calidad de servicio legitima el papel de la empresa en el mercado porque impone la responsabilidad de ofrecer un producto de calidad al mismo tiempo que eleva la calidad de vida de la sociedad en su conjunto
En el
siglo 1600 antes de nuestra era, el Código Hammurabi establecía en el
numeral 299: "Será condenado a muerte aquel albañil que construya una casa y que
ésta se derrumbe matando a alguno de sus habitantes." Y en el año 1450
antes de nuestra era, en la civilización egipcia, el castigo por hacer bloques
de diferente medida a las especificaciones de las pirámides, era la amputación
de una mano.
En la producción artesanal, los criterios
empleados para establecer los patrones de calidad estaban centrados en el
aspecto estético y el prestigio de los artesanos que elaboraban el producto.
Pero, el continuo incremento de la compra de bienes fundamenta el sistema de oferta y demanda, esto fomentó la creatividad expresada en nuevas formas de producción, y la invención de aparatos
mecánicos que ayudaban a producir con mayor rapidez.
La
disponibilidad de máquinas y herramientas para aumentar la producción
originó el surgimiento de talleres, lo que impulso mejoras en la productividad. Pero al mismo tiempo, el
artesano dejó de estar presente en todas las fases de transformación del
producto. De esta manera, se perdió la comunicación directa entre el obrero
productor y el usuario.
Con la
llegada de la Revolución Industrial los talleres se convirtieron en
pequeñas fábricas de producción masiva. Además, la necesidad de producir
diseños específicos, acordes con las demandas otros pueblos y culturas, unida
al desarrollo de herramientas para la
inspección de productos, implicó el surgimiento de los
primeros inspectores de calidad. A partir de este momento se inicia la evolución de los procedimientos para valorar la calidad de los
productos terminados.
Durante
el siglo XX, junto con el desarrollo acelerado de las ciencias y de la tecnología, se produce la evolución del concepto de calidad y una mayor
aplicación del mismo, convirtiéndose en un elemento estratégico en las organizaciones para crecer y mejorar. Al mismo
tiempo surgen diversas metodologías para su implementación.
Hasta la
primera mitad del siglo XX la calidad era vista como un problema que se
solucionaba mediante herramientas de inspección. En los años cuarenta todos los
productos finales se probaban para intentar asegurar la ausencia de defectos.
En esta época, calidad se definía como la máxima adecuación de un producto a su
uso. En los años sesenta, los departamentos de Calidad tenían como función el Aseguramiento de la Calidad y
tuvieron un fuerte desarrollo.
Ya en
esta época, los japoneses estaban implantando sus teorías sobre Calidad Total en el conjunto de la empresa y habían asumido los
planteamientos sobre la eficacia del trabajo en grupo, con la implantación masiva de
los Círculos de Calidad y de los Grupos de Mejora, compuestos por personal generalmente de diferentes
áreas, que analizan las causas de los problemas más importantes y buscan su
solución.
En los
años setenta, las empresas japonesas ya habían establecidos
principios como "la calidad es
responsabilidad de todos" y "hay que hacer las cosas bien a la
primera" Crosby (1997), y era frecuente hablar de "cliente interno". Todos estos
conceptos fueron adaptándose a lo largo de la década de los ochenta en el resto
de mundo, al observarse el excelente resultado que habían dado en Japón.
En la
década de los noventa, la liberalización de los mercados, las nuevas tecnologías, el incremento de la competencia y la necesidad de realizar
drásticas reducciones de costes, hicieron surgir en muchas empresas programas de implantación de Sistemas de Gestión de Calidad Total, con el objetivo fundamental de aumentar la competitividad y de satisfacer las expectativas
de los clientes o usuarios. No obstante, el
aseguramiento de la calidad sigue considerándose una cuestión que se vincula,
en esencia, al departamento de producción.
Esta
visión cambia al considerar la calidad como un factor estratégico. Ya no se
trata de una actividad inspectora sino preventiva: planificar, diseñar, fijar objetivos, educar e implementar un proceso de mejora continua y permanente;
la gestión estratégica de la calidad hace
de ésta una fuente de ventajas competitivas que requiere del esfuerzo colectivo
de todas las áreas y miembros de la organización; ya sea esta una comunidad, institución o empresa.
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