De nada
sirven las estadísticas y los números cuando hablamos de
personas, Las cifras pueden servir para realizar estudios o medir una
tendencia, pero no para que una empresa u organización prospere. La Calidad
Humana es un producto que se "construye" todos los días, pues ningún
curso o taller puede producirla en dos semanas. Lo único que puede garantizarla
es el trabajo constante para mejorar la actitud personal.
En la
actividad turística las acciones deben ser impecables, pues como
se indicó anteriormente, no se puede retroceder para enmendar los errores y
evitar su consecuencia que es la percepción negativa por parte del turista.
Para evitar esas situaciones es necesario sistematizar los servicios
turísticos; y para lograrlo lo fundamental es formar y educar a las personas,
porque al igual que no se puede fabricar un producto bueno con materia prima de mala calidad, es
imposible obtener excelentes servicios de calidad, si el sistema no posee
personas con calidad, Ishikawa (2003)
La
calidad de una persona se mide principalmente por el número y la calidad del
cumplimiento de sus compromisos. En ese contexto, corresponde a cada uno estar
atento en la forma como se interrelaciona con los demás; sobre todo con los
clientes o usuarios que están pagando por un servicio, o esperando que se le
cumpla una promesa u oferta, aún cuando esta sea gratuita.
En el caso de los servicios turísticos, las personas participan activamente en
la implementación, desarrollo y consumo del servicio final. Pues el turismo es
un sistema social y económico cuyo objetivo es prestar servicios de comodidad, recreación, confort, relax y placer.
En este
contexto, el servicio turístico requiere de mucha participación humana para
lograr su cumplimiento y aunque preparar una buena comida requiere de productos
de calidad, el resultado final siempre va a depender de la calidad técnica y
humana del personal que la elabora y en último caso la responsabilidad por la
calidad recibida; será del guía que lo recomendó.
Veamos un
ejemplo, cuando una persona llega a una posada y lo atiende el o la
recepcionista, debe hacerlo amablemente y en función de las preguntas que el
turista formule. Pero, si el trato es descortés o irreverente, de nada servirá
decir posteriormente: "lo siento señor, disculpe me equivoque". De
nada valen las disculpas, porque en la prestación de servicio no es posible
reutilizar la materia prima que se denomina actitud.
En ese
contexto, es imposible que él o la recepcionista pueda decirle al cliente:
"Lo siento señor, comencemos de nuevo, retroceda, vuelva a entrar y
pregúnteme otra vez". No se puede, pues el error ya ocurrió y lo
experimentado por el turista no se puede borrar.
En cambio, cuando se elabora o produce un
bien material (tangible), por ejemplo: un pan, el cliente o usuario no está al
lado del cocinero cuando prepara la masa. El pan se puede probar y, si no está
bueno, se puede retirar antes de que llegue a la mesa del consumidor. En ese caso, el error puede
repararse. Pero, en el caso de la mala atención al turista es imposible. La
equivocación suscitada debe solucionarse al momento. En caso contrario el
visitante no regresará.
Las
frases amables puede pronunciarlas cualquiera. Pero, aunque los modales son
importantes, no son suficientes, porque pueden reflejar un comportamiento superficial. Debido a esto, la
cortesía -aun cuando sea una máscara exterior- es preferible al maltrato; pero
jamás será cordialidad.
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